Más capacitación y trabajo en el Barrio 31

Una de las misiones de Finnegans es acercar posibilidades de trabajo en profesiones digitales a poblaciones vulnerables. La programación de software es hoy la actividad que más trabajo genera en la economía actual, en Argentina y todo el mundo. Los oficios digitales, desde los puestos más iniciales, ofrecen remuneraciones significativamente más altas (hasta un 50% más) que el general del mercado laboral.

Es por eso que, en el marco de esa misión, acercamos el curso #soyProgramador al Barrio 31, para poder acompañar a los chicos en su proceso de formación y que puedan conseguir trabajo.

Brenda y Hernán, dos de los chicos que completaron el curso exitosamente, se encuentran hoy trabajando en Finnegans, habiendo entrado en pleno contexto de la pandemia por el COVID-19. Charlamos con ellos para que nos cuenten cómo lo vivieron.

 

“Cuando me enteré sobre los cursos pensé que eran una buena oportunidad para retomar lo que me gustaba”

 

¿Cómo empezaron su camino en la tecnología?

Brenda: La tecnología me gusta desde muy chica, a los 13 años empecé a jugar con las páginas web. En ese entonces el desarrollo web era mucho más sencillo, todo era HTML. Yo no sabía realmente que era un lenguaje, solo me gustaba jugar, cambiar los colores…

Cuando fui creciendo me gustaron más los lenguajes en sí. Cuando empecé a estudiar Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional de Avellaneda aprendí algo de C. Finalmente dejé la carrera porque quería estudiar sistemas, pero no me daba el tiempo ni podía económicamente. Un tiempo después supe sobre los cursos que estaban dando en la Villa 31. Ahí aprendí pseudocódigo e hicimos una capacitación inicial. A partir de eso Finnegans nos convocó para hacer el curso en la empresa.

Hernán: Yo también me involucré con las computadoras desde muy chico. Me acuerdo que había empezado a hacer un curso de programación en el Instituto Mariano Moreno, y que para hacerlo había empezado a ir caminando hacia la escuela. Salía re temprano de mi casa, así me ahorraba plata del boleto y podía pagarme el curso. Yo tenía 13 o 14 años.

Desde ese entonces me involucré con la programación. Hice la escuela secundaria técnica y no sabía si seguir ingeniería electrónica, informática o electromecánica. Me terminé decidiendo por electrónica y estudié varios años en la UBA. Al principio me fue bastante bien, después hubo un par de años en los que no estuve estudiando. Cuando me enteré sobre los cursos pensé que eran una buena oportunidad para retomar lo que me gustaba y para volver a la facu.

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¿Qué les pareció la propuesta de aprendizaje de Finnegans?

Brenda: Me gustó el curso porque tuvimos profesores que sabían cómo enseñar. En cursos anteriores habíamos aprendido de personas que eran voluntarias, y es muy distinto saber hacer las cosas a saber explicarlas para alguien que no sabe. Fue muy productivo, aprendí muchas cosas. Al asociar la enseñanza a otras ciencias, como las matemáticas, era mucho más entendible y razonable.

Hernán: En el curso tuvimos una profundización en temas de Java y lo que tuvo de diferente es que aprendimos también bases de datos. Cada uno por su cuenta ya había ido aprendiendo sobre SQL, pero nos hicieron trabajar intensivamente con ese lenguaje. Me sirvió muchísimo aprender eso y haber refrescado conocimientos previos para el trabajo que estamos haciendo ahora.

 

“Hacer las cosas acompañado hace que el equipo sea como un resorte, una manera de amortiguar todo para avanzar mejor”

 

 

Había muchos de ustedes que ya se conocían cuando entraron al curso y algunos fueron nuevos. ¿Qué importancia creen tuvo el grupo para intercambiar experiencias y aprendizajes?

Brenda: Todos los que hicimos el curso y entramos a Finnegans tenemos un grupo de WhatsApp para intercambiar dudas. Las curiosidades que tenemos son las mismas. Lo bueno de programación es que nadie te dice “fijate en Google”. Hay muchas formas de ayudar, y cuando alguien te lo explica empezás a entender mejor el concepto.

Hernán: Aprender en equipos es súper práctico. Aunque hay que tener dedicación individual, hacer las cosas acompañado hace que el equipo sea como un resorte, una manera de amortiguar todo para avanzar mejor. Siempre son buenos los grupos de estudios para que no haya lugares vacíos de conocimiento. Justo en esta época en la que estamos todos distanciados está bueno tener esa contención.

 

“Estoy muy contento porque a pesar de todas las dificultades que hubieron llegamos a conocer la empresa y a nuestros compañeros”.

 

Empezar a trabajar durante la cuarentena debe haber sido extraño. ¿Cómo lo llevan?

Hernán: el curso terminó justo antes de la cuarentena. Íbamos a hacer una una celebración y tuvimos que cancelarla. Sí hubo una evaluación y una conclusión del curso pero a las apuradas, sin poder despedirnos.

Lo bueno es que la persona que nos acompañó los primeros días de ingreso fue Dennis Pontacq, con quien nos llevamos genial porque era el profesor encargado de las prácticas. A Mariano Casero (CTO de Finnegans) también lo conocimos, nos recibió cuando comenzamos el curso y nos hizo conocer las instalaciones a pesar de que todavía no éramos parte de la empresa. Estoy muy contento porque a pesar de todas las dificultades que hubieron llegamos a conocer la empresa y a nuestros compañeros. Ahora mantenemos ese contacto por conferencia, mails o chats.

 

“Al ser Finnegans una empresa que está en crecimiento, hay muchas posibilidades y eso está muy bueno”.

 

¿Qué desafíos se proponen para el trabajo en Finnegans?

Brenda: quiero seguir creciendo con el lenguaje Java. Finnegans también trabaja con el lenguaje Go y quisiera irme por ese lado porque es el lenguaje que todos quieren saber.

Hernán: A largo plazo veo muchas posibilidades. Estaría bueno llegar a un área que nos represente en nuestros gustos. Al ser Finnegans una empresa que está en crecimiento, hay muchas posibilidades y eso está muy bueno. Puede pasar que en el futuro se abran nuevas áreas o que cambien las maneras de trabajar.